Sábado

Saturday morning .

Sin delicadeza mis pensamientos te recuerdan hoy y al despertar quiero escribirte mil poemas. Bajando las escaleras, un poco dormida aún, me invado de la idea de que todo entre nosotros terminó, le doy un sorbo a mi café recordando el mensaje que anoche te envié: “Te quiero, carajo”, lo sé, que simplona frase para demostrar todo lo que dejaste en mí. ¿Cómo pude simplificar tantos sentimientos en tres palabras? Es más ¿Cómo pude enviarte un texto? Debo admitir, las cervezas y el pulque ayudaron un poco, sin ellos no habría tenido el coraje o la estupidez.

Mi enredada cabeza reposa la idea del odiado momento de empezar ahora a esperar una respuesta tuya, aún cuando sé que no tengo que, aún cuando el reproche y la resaca atormentan mi cabeza, aún cuando mi duelo ya había avanzado. Absurda seituación que me pesa y lleva al suelo, como una caída más de mi bata de cama.

Mi tormenta entra en pausa con tan solo una melodiosa tonada que anuncia la entrada de un mensaje, con el celular en mano no quiero ver, me siento tan vulnerable. Con la culpa encajada en los ojos, asomo vagamente la mirada al filo del teléfono, lo he confirmando, tengo un mensaje tuyo. ¿Y sí me pedirás que no te escriba más? Anoche obedecí mis bajos instintos y violé la regla básica para una joven como yo, celular, ex y alcohol no van, pero no lo evité, verte fue más que sólo un saludo, removió recién asentadas aguas y ahora no sé que pasará, mi dependencia y mi añoranza hicieron de las suyas otra vez.

Haciéndome la interesante y sin abrir tu respuesta, abandono mi teléfono en la barra del comedor, en un último intento por corregir mi error, para que veas lo difícil que puedo ser, me doy media vuelta con movimientos salvajes y torpes dirijiéndome a mi alcoba, como si supiera que tengo que hacerlo rápido para no arrepentirme y regresar, para ver ansiosamente lo que has escrito. Lo logré, he llegado a mi cuarto, con una sensación de triunfo cojo mi ropa limpia, me voy a duchar, de algo servirá.

Adentro, mis pensamientos encontrados se han ido por la coladera junto al agua fría que recorre mi cuerpo desnudo, enjuagando los pesares y enredados pensamientos.

Me quedo unos instantes como perdida, suspendida en un limbo que sólo aquellos abrumados por la nada han vivido. Es hora de salir, de aterrizar y de enfrentar las consecuencias, no hay marcha atrás, o sí, sé que puedo huir, eliminar el whatsapp sin leerlo, pero sé que con el tiempo no podré con la duda.

Ya estoy aquí, con mi equipo móvil en mano, debe ser, no quiero ver. Abro tu mensaje, y cierro mis ojos, tengo miedo. ¡Ábrelos! Levanto mis párpados y comienzo a leer, palabras dulces calman mis ansias: “Gracias por el mensaje tan lindo”, ¡que alivio… oh no! aquí está mi pesadilla “Pero he tomado una decisión…” ¡Basta! no quiero seguir ¡lo sabía! que tonta fui.

Vencida, termino de leer tu texto, esto es el fin. En un inicio me parece que perdí, como si esto fuera una guerra, te perdí, quieres estar solo, pero de pronto me siento serena, le has puesto fin, ya no hay esperanza que alimentar, la puedo dejar morir. Mi corazón ha terminado la espera, se posa en el suelo cansado, después de un mes de haber estado en puntittas asomado, alimentándose sólo de la luz que atravesaba la rendija de un amor que fue horizonte.

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