Pasiva

Pasiva

Las cosas se están poniendo demasiado quietas por aquí. Un nuevo ano de vida comenzó. Hay fiestas por doquier. Desvelos, en donde sigo escalando hacia el desorden de mi rutina, en un preludio de la caída en la montana rusa.

La constancia es la llave. Lo sé. Debo despertar a la misma hora todos los días. Ir a la cama al mismo tiempo cada noche. Incluir un poco de ejercicio físico diariamente y comer a la misma hora. El poco control de las emociones en el trastorno límite de personalidad se nutre de desvelos, mala alimentación y rutinas esporádicas, que amplifican las fluctuaciones en el ánimo y la impulsividad, llevandome a una peligrosa dirección.

Si soy pasiva ante mis horarios y rutinas, me resbalo. Y después me culpo por la caída. Una emoción tras otra, como una cascada que me revuelca, donde lo único que me queda por hacer es acurrucarme en posición fetal, abrazando mis piernas. Sobre la cama. Llorando. Imaginando que soy una semilla que flota libremente. Quieta.

Pronto voy a encontrar las raíces de nuevo. Lo sé.

 

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