Rocas

Rocas
“No hay camino para la paz, la paz es el camino.” Mahatma Gandhi

Tengo reglas en mi dieta y un horario de sueño. Medicamentos para tomar cada mañana y noche. Vitaminas para el medio día. Mi vida entera es una caminata sobre la cuerda floja.

Constantemente trato de recordarme que no tengo elección en nada de eso. Que simplemente tengo que hacer todo lo que hago por mi salud, mi bienestar mental, mi cordura.

Últimamente he estado repitiendome que cada día es una decisión. Y cada una parece ser una montaña frente a mí. Sí. Como la decisión de ser resistente. La decisión de luchar no es la única opción que tengo. Siempre puedo ceder ante el caos. Pero no quiero. Eso es lo que tengo que recordar.

Pero es difícil continuar. Cada día requiere un poco más de pelea. Un poco más de compromiso. Cuando lo único que quiero es apagar la alarma y quedarme en cama. Pero las montañas se reducen a  a piedras cuando decido reunir energía y ponerme en marcha. Incluso cuando creo que no puedo hacerlo. Porque sé que habrá dias en los que sé así será.

Habrá días en donde la depresión se aferrará sin descanso. Donde no voy a tener otra opción más que cancelar planes y cerrar mis cortinas. Habrá días en dónde me perderé entre las sábanas de la cama. Así que tengo que aprovechar cualquier día que no sea de esos. Debo aferrarme a ellos y hacer todo lo que sea posible. Recordarme que no soy tan afortunada para que todos mís días sean buenos.

Incluso ahora, cuando la medicación parece estar funcionando y aún así los días son oscuros. Pero tranquila, no siempre va a ser así. No quiero caminar con el peso de la desesperanza sobre mis hombros, así que no puedo olvidar lo fácil que es caer. Sí, la depresión viene a menudo y sin previo aviso, pero algunas veces hay cosas que puedo hacer para evitarlo.

A veces puedo luchar sólo un poco más. A veces puedo decir “No” y alistarme para mi clase de yoga. A veces puedo ponerme mis tenis e ir a dar un paseo. Algunas veces puedo abrazar a alguien que amo o tomar una siesta.

Y a veces no puedo. Algunas veces no hay nada que pueda hacer. Las recaídas pueden ocurrir sin ninguna razón en particular. De repente me parece que no puedo mantener mis pies debajo de mí.  Y eso es algo con lo que tengo que aprender a vivir. Tengo que tener presente lo que aprendí la última vez. Volver atrás y leer viejas entradas de mi diario. Pensar sobre lo mucho que me familiaricé conmigo a través de esa oscuridad. Cuando no había nada en el mundo más que yo y el propio disturbio de mi cerebro.

Cuando me sentí tan desconectada de todo, ¿Qué aprendí?

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