Atajos

espinas

Antes de saber realmente lo que está pasando me encuentro a mí misma atrapada por la necesidad de explotar. No por ninguna razón en particular. Sólo quiero algo que me haga sentir menos aturdida. Que me de algo de alivio. Porque calmarme en esos momentos es difícil y un ataque de ira podría ser fácil.

Fantaseo con mi pluma sobre cortar mis brazos, sobre romper todo lo que me rodea. Sueño despierta sobre golpear el espejo de mi tocador, sobre hacerme daño de alguna manera. Me cacho a mi misma deseando que alguien entre a mi habitación  y tenga la salida para aliviar mi frustración. Una píldora mágica que contribuya en algo. Y que yo pueda tener una buena respuesta a la pregunta ¿Entonces ya pasó?.

Es el mismo problema que he enfrentado por años. El mismo valle en el que me encuentro una y otra vez cuando esa clase de comportamiento se apodera de mi y pierdo el control. Lo veo arañando mi mente y mi vulnerabilidad. Y en lugar de alejarme de ese peligroso lugar, me quedo.

Tantos pedazos de mi parcialmente heridos en el piso que siento como si yo no pudiera hacer nada bien. Y la verguenza llega. No se repara nada. Es sólo una solución temporal. No he creado nuevas estrategias. No he construido nada. Tengo una rápida salida en su lugar.

Y ya estoy cansada de eso. Cansada de tomar salidas rapidas. Atajos. Cansada de no liberar todo el potencial para resolver el dolor y la ansiedad que mi padre dice que tengo. Cansada de decir excusas en terapia de porqué no lo he hecho aún. Estoy cansada de resolverlo a medias y luego fingir que no me importa si no pasa nada.

Quiero alcanzar todas mis metas. Quiero enfrentar las razones por las que llegado el momento me hago daño. Quiero parar de preocuparme tanto sobre lo que otras personas esperan de mí. Quiero hacer una excavasión profunda y descubrir realmente lo que está sucediendo. Porque tengo mis sospechas de que no se trata de un simple masoquismo.

Sé que no.

Las cosas que construyen los motivos detrás de estos peligrosos comportamientos están enterradas en lo profundo de mi conciencia. Son mecanismos que aprendí para liberarme de la devastadora tristeza que a veces se aferra fuerte. Son todo sudor y sollozo.  Son una forma de liberar los propios opiáceos del cuerpo, conocidos como beta-endorfinas. Y es hora de aprender nuevas formas de bienestar.

Porque no voy a ser realmente feliz haciendome daño.  Es incompatible.

Entonces vamos a hacer algo nuevo. ¿Pero qué?.

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