Carta a mi madre

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Seguiré tus pasos hasta el fin del mundo, no prometeré nada, simplemente lo haré.Y cuando haya llegado al fin del camino, no habrá necesidad de decir ni una palabra.

No hay carreras, sólo caminos. Si en el andar me pierdo de la senda, hazme saber. No darás para retroceder más nada, éste es mi camino y aunque en él quedan algunas huellas de viejos trotamundos, son sólo eso, ecos terrestres, testimonios de un ser sabio que supo perderse y más importante aún, se encontró de vuelta, un poco más viejo, pero no más cansado.

Seguiré tus pasos en intensidad y pasión, más no en camino. Es sabido que cada hombre ha de encontrar su propio sendero. Escribir su propia historia, siendo más relevante para mí, saber defenderla y hoy eso lo he aprendido por ti.

Nunca volveré sin antes decirte a donde he ido, mis pasos volarán cerca de tus oídos, esperaré a sentirte cerca, aunque ese día no estemos juntas en carne. Eres mi origen y late profundo el lazo, no es atadura, es recuerdo de los días. Esos días cuando el sol sucumbía mis sueños de infancia y los hacía rendirse en  tus brazos. La melodía de tus cantos arropó mis lunas hasta aquella estación que mi sol andaluz rozaba la distancia.

Jamás has estado sola, ni en aquellos instantes en los que el silencio se metía en los huesos, apuñalando como navajas celosas. El amor y mi compañía peinarán tus risos incluso el día en que no me encuentres en el horizonte.

Mi piel me pide ardientes caricias, me exige nuevas lluvias, brisas de invierno. Lo confieso aquí, no he de regresar pronto, el vuelo es largo, ha iniciado incluso sin mí, lo alcanzaré en la pradera violeta. Nadie me espera, es una cumbre inconstante.

Lágrimas caerán y alimentarán nuevos campos de distintas flores, incluso hiedras venenosas y extrañas rosas de colores tornasoles que me pincharán hasta derramar gotas de sangre. Aquellas pequeñas partes de mí, que algunos días olvido que están ahí.

Tu piel será diferente a como la recuerdo. Un nuevo brillo iluminará tus ojos. El tiempo dejará su testamento en tu esencia, más allá de la nueva piel. La nitidez de tu sonrisa barrerá viejos rencores y abrazará el nuevo día.

No le temo al destino, para mí no existe, hoy solo tengo la tierra.

Haré nuevos amigos, perderé viejos y conservaré unos cuantos. El futuro ya no anuda mi alma.

Cicatrizan viejos temores al compás de mí propia música. Mi hogar se encuentra con el papel y la pluma. El alarido nocturno no se escucha más y los fantasmas caen uno a uno.

Gracias por alumbrar mi armario y vencer al suéter amarillo. Gracias por mirar bajo mi cama y dormir conmigo las noches en las que el rugido agudo del cielo vendría por mí.

Jamás emprenderé un camino sin retorno, pero no regresaré pronto.

 

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