Hambre

 

cooking
Emiko Davies Fotografía.

Nunca en toda mi vida me pregunté de dónde vendría mi siguiente comida. Mis padres se ocupaban de eso. Y aún así, con una basta diversidad de alimentos sobre la mesa, hubo semanas en las que yo elegí nada más una porción de verduras y agua. Siempre tuve el lujo de estar más preocupada sobre mi presupuesto semanal de alcohol y de ropa nueva. Recientemente tomé la decisión de enfocarme más en ponerme borracha y lucir genial sobre el hecho de alimentarme. Y no estoy orgullosa de ello.

Mi terapeuta y mi psiquiatra me han orillado, forzado ha conscientizarme sobre eso. Y estoy agradecida con ellos. Pero gracias a mi práctica de meditación y yoga, he empezado a liberarme lentamente de otro tipo de hambre que me ha tenido atrapada un largo tiempo. Un tipo específico que voluntarios y centros de donación no pueden combatir.

El hambre del corazón.

Cuando me encuentro a alguien en el parque mientras paseo a mi perro… No lo alimento. No hablo. Cada, “Buenas tardes, ¿Cómo estás?” se responde con el mismo “Bien, gracias ¿Y tú?” Las mismas palabras vacías, sin corazón, deshonestas. Conozco ese tipo de hambre, de reconocimiento, acercamiento. Para no siempre sentirme completamente sola.

Un viejo amigo me envió un mensaje. La conversación inició de la forma para la que estamos programados, “Las cosas están bien, no hay nada nuevo…” Sentí una especie de canica atorada en mi garganta. Respiré profunda y lentamente, justo como en clase les sugiero a mis alumnos. “No, de hecho, ¿sabes algo? Las cosas han sido bastante difíciles estos días, he estado vomitando mucho, mal alimentándome y aunque no estoy segura del porqué. Estoy luchando para mantener mi cabeza por encima del agua para mantenerme a flote.”

Él cesó de escribir. Tal vés sorprendido. Tal vés por no estar seguro de qué responder a algo como eso. Valorándo sus opciones. Decidiéndo si estaba dispuesto a tener esa conversación conmigo. Como si se estuviera convenciéndo a dar el paso. Y lo dió. “Sí, bien, yo tampoco me encuentro bien.”

Pareciera como si ambos estuviéramos apenas sobreviviendo. Sostenidos sólo con nuestros dedos de una débil cuerda que cuelga sobre nosotros, mientras la corriente del río sigue su curso. Esperándo que no se rompa. Hay algo de confort en eso. Pequeños fragmentos de esperanza. Todas esas personas han conseguido mantenerse a flote en todo este tiempo. Tal vés yo pueda hacerlo también.

No soy la excepción. Nada sobre mí es tan especial. Diferente, siempre. Variando en cómo me siento y de dónde viene, pero todos nosotros tenemos nuestras propias peleas. Buscando a tientas, pensando que tal vés, sólo tal vés, se puede ser un poco más fuerte. Sólo un poco más valiente.

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