Dios en la recuperación

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¿Dios realmente existe? La pregunta predomina actualmente en nuestra sociedad. Es suficiente mencionar la palabra Dios o política para encender una discusión acalorada en donde sea, al momento que sea. Tu Dios, mi Dios, ningún Dios,  y no hay que olvidar los dioses de las diferentes religiones, culturas y mitologías.

Algunos de nosotros son obligados a investigar la historia de eso llamado creador de vida y necesitan pruebas científicas de que exista un ser tan sobrenatural. Otros de nosotros, sin embargo creemos con fe inocente y hablamos sobre nuestra devoción y experiencias milagrosas.

¿Dios realmente existe? ¿Estan él, ella o ellos realmente presentes sólo si creemos? En el camino de la recuperación, aprendemos, mejor dicho aprendo (hablo por mí) que mi fe debe venir de algo más fuerte que yo. Por mí misma, soy débil y fracaso. ¿Cuántas veces he tratado de vivir por mi cuenta, solo para encontrar en mi mente remolinos girando con miles de pensamientos negativos? Cuando ignoro mis sentimientos y estos persisten, estoy condenada a repetir comportamientos destructivos. ¿De dónde viene la verdadera fuerza?

Como una niña pequeña que creció en el bajío de México, en escuela pública, la ausencia de un Dios y una religión definieron mi vida. Vestía mi uniforme y cantaba las canciones del himno nacional una vez a la semana. Mi decencia era juzgada por cuan larga era la falda de mi uniforme escolar y si llevaba calcetas para cubrir mis piernas. Como niña y adolescente nunca conocí la biblia ni la bendición de Dios, era considerada poco valiosa e inaceptable por mis compañeros de escuela. Sin embargo cuando me acercaba a el catecismo y la religión de mis primos y amigos era bienvenida en la vida de mi abuela y personas clásicas a mi alrededor.

Aprendí a igualar Dios con perfección y castigo.  Yo también me criticaba duramente cuando veía que no estaba a la altura de los implacables estándares. Desprecié mi fracaso cuando me ví en el espejo, no importaba que tan duro intentara ser la mejor, nunca podía cumplir mis expectativas. Era miserable por dentro.

Me cortaba. Tenía atracones y me purgaba sólo para disminuir el dolor, sólo para sentir vergüenza poco tiempo después.

El circulo vicioso se repetía porque no podía entender la verdad: Yo era perfecta en la forma que era.

También me volvía furiosa la idea de que Dios podría amarme. Porque yo crecí en un ambiente alcohólico y abusivo, me sentía aislada y llena de miedo. Yo pensaba: Si Dios me ama, entonces ¿por qué yo? ¿Por qué he tenido que pasar por todo este dolor? ¿Por qué Dios no me protegió?

Mi ira se convirtió en resentimiento, y me llevó a tomar decisiones terribles en la mayor parte de mi vida adulta y de adolescente. Abusé del alcohol, y enterré mi dolor en las autolesiones, relaciones destructivas y trastornos alimenticios sin ningún tipo de preocupación por mi salud. No busqué ninguna idea de Dios porque eso significaba reglas y estrictas regulaciones, y eso era algo a lo que no estaba dispuesta.

Pasé los ultimos años leyendo sobre todo tipo de religiones y prácticas místicas.  Yo creía que tenía poderes mágicos y fantaseaba la mayor parte del tiempo. Pero a pesar de mi búsqueda en la magia, me estaba lastimando. Mi trastorno alimenticio y de personalidad estaban fuera de control, y mi camino en la búsqueda espiritual coincidió con los periodos de serios abusos autodestructivos.

Mi mente estaba flotando lejos, en otro planeta y eso no me ayudaba a sostener mi vida.

Cuando tuve mi primer contacto con la idea de recuperación fue en el 2010, en un grupo de Al Anon (grupos de autoayuda para familiares y amigos de alcohólicos).  Me enfrenté al concepto de “Poder Superior.” Arañó mi cerebro y pensé “Oh sí, algo superior a mí… ¿quieres decir que no puedo hacer mi vida bajo mis propios términos?”  Escenas de infancia, libros sagrados y sentimientos de ira me inundaron otra vez. Tenía que hacer frente a estas emociones negativas y con mi madrina de los doce pasos eso es exactamente lo que hice.

A través de una larga búsqueda, descubrí que mi Poder Superioir puede ser Dios si escojo llamarlo así.  Lo que me enfurecía, sin embargo era la religión. Era manipuladora, la religión fue hecha por hombres. Lo que yo estaba buscando era una relación personal con un Dios de mi entendimiento, alguien que pudiera guiarme a través de los desafíos de la vida, los sencillos y complicados.

Como resultado de vivir una vida sin orientación, yo estaba desesperadamente necesitada de una figura cariñosa que pudiera ayudarme. Ahora cuando me siento tentada a tener un atracón, vomitar, restringirme, o engancharme con cualquier conducta destructiva, le pido ayuda a Dios. Eso me hace sentir reconfortada y aliviada, sé que Dios esta conmigo.

Yo sé que Dios existe. Si no fuera por su gracia sobre mi vida no estaría en esta sólida recuperación. Creo que Dios en su dualidad masculina y femenina es una experiencia espiritual, no religiosa y agradezco haberme reconciliado con ellos.

Conocerlos me conforta y me permite vivir más serena, no sólo en la recuperación, sino cada día de mi vida. Es reconfortante saber que hay alguien afuera que me ama y cree en mí, incluso en los días en los que yo no.

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