Más espeluznante que morir

531525_432463283501443_1172369291_n
Foto: Berta Vicente Photography

Le dije a mi hermana que fue una semana solitaria. No del tipo de soledad que viene cuando no tienes personas a tu alrededor, sin el teléfono sonando. Sino del tipo que se asienta en tus huesos y te recuerda que nadie notaria si no llegas a casa. El tipo que he evadido la mayor parte de mi vida. Llené el espacio vacío con ideas de muerte seduciendome como hace meses no lo hacían. No dejé que me arrastraran al fondo. No como el año pasado.

Pero esa fantasía trae cierta belleza consigo. Finalmente darme cuenta que todo lo que haga debe ser por mi propio interés. Que realmente tengo que ser honesta sobre quien soy, sobre lo que me gusta, sobre mis pasiones. Tan simple y complicado como eso. Desde el momento en el que ingerí un bote completo de pastillas hace tres años y llegó mi familia a la casa en la que vivía, pedí ayuda desesperadamente. “¿Qué tengo qué hacer para volver a sentirme viva?” Olvidé como conducirme en la vida por mi misma. Y no estoy segura por dónde debo empezar. Siempre escondida de mí bajo una capa de miedos, culpa e ideas que me han llevado a ser una persona que no soy, que me han orillado a querer botar todo a la mierda de una buena vez. Debo ser sólo yo. Completamente sola.

Volver a meditar todas las noches. Buscar un local en donde pueda instalar mi estudio de yoga. Encontrar la manera de financiar el proyecto. Preparar la comida que me haga feliz y compartirla solo cuando quiera hacerlo. Por la mañana beber mi taza de café en en la azotea en silencio. Tomar decisiones plenamente consciente sobre todo lo que hago en el día y la noche. Valorar acerca de las consecuencias de cada acto. “¿Chacer es la motivación oculta de hacer esto?” Contestar las preguntas que nunca antes siquiera me formulé. Contestar las preguntas que antes dejé que otras personas respondieran por mí.

Mi familia, mis ex parejas, mis amigos, desconocidos, viejos esquemas de pensamiento ajenos y propios. Respuestas que vuelven a mí. Una atención plena que me mantiene alerta. Con los ojos bien abiertos buscando posibles zonas de riesgo que pudieran hacerme resbalar. Que me mantiene honesta.

Todos ellos guardan un espacio en mi vida, mi historia y mi proceso, pero ya no quiero que sea a costa mía nunca más, renunciando a mis necesidades y deseos. Comprometiendo lo que soy.

Ya no soy la mujer que tiene miedo de las piezas que me conforman. Y sé que vale la pena empezar a honrrarlas. Hacerme sentir orgullosa.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s