El arte de sentir

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¿Cómo fue que llegué a un hospital psiquiátrico? ¿Cómo fue que llegué a mi límite? Hace casi tres años mi sentido de vida se quebró por una desesperanza que infectó todo en mí. Encontré en un bote de pastillas la manera de desaparecer el dolor de un vacío desolador. Y desde esa mañana mi mundo se colapsó. Mi estado de ánimo va y viene, justo como la marea. Me erosiona incluso cuando las cosas “van bien.” Las emociones en general me agotan e intento más y más fuerte alejarlas de mí. No sentirlas. Sin importar cual sea. Sólo no.

En medio de la noche doy vueltas en mi cama como buscando un motivo para seguir viva. De reojo veo una foto sobre mi tocador con recuerdos de un año nuevo en San Miguel de Allende, con mi hermana sonriendo abrazada a mí. Un destello de contradicción eyaculó en mi mente diciéndome a gritos que la vida es simple. Hermosa. “Sigue adelante.”

La mañana siguiente esperé estar de vuelta en la luz de la esperanza. Pero las nubes no se dispersaron y encerraron en su misterio al eco de los rayos del sol. Lo único que sabía era que estaba llena de heridas y aún seguía de pie.

Una persona solitaria. Que piensa en exceso. Demasiado curiosa. Ansiosa. Con el tiempo, la terapia, la yoga y los medicamentos, he descubierto una manera “sana”para tranquilizar mis emociones, pero en el fondo a veces sólo deseo sencillamente no sentir nada. Aunque no sé lo que es peor, experimentar el vacío o sentir todo de una forma extremadamente intensa. Cada que pienso en eso siento mi estómago revuelto preguntándome si debo acurrucarme en el suelo y llorar. Esto es muy parecido a lo que solía sentir. Solía ser. Pero ahora puedo sostenerme a mí misma en el borde, ¿No es así? Hablarme gentilmente para regresar al piso seguro y recobrar la respiración para reducir la ansiedad que está burbujeando por puro hábito. Un recordatorio de mi Yo que ha caminado en el sendero de la recuperación en el último año, me dice que no quiere que sus sentimientos sean ignorados por mi comodidad. Ella quiere que yo hable con honestidad. Radicalmente. Me confiesa que mi dolor no es un inconveniente. Me pregunta si quiero su ayuda y finalmente, tengo el valor de decir “Sí. Por favor.”

“Te noto deprimida” me dijo mi psiquiatra Julián, resaltando que tengo el derecho a sentir desesperanza, así como a las demás emociones. “La prioridad es sacarte de ahí para recuperar las ganas de vivir y continuar donde te quedaste. No te juzgues, no es un retroceso, ¿Bien?” “Sí” le respondo poco convencida.

Como todo, el arte de sentir requiere práctica; necesito aprender a estar triste, así como sé estar feliz. Terminar con la dedicación a perpetuar la idea de que otras personas de alguna manera saben lo que están haciendo menos yo. Cerca de la medianoche una chica en Instagram publicó en su cuenta algo acerca de lo ridiculamente dificil que es vivir la vida, recordándome que ninguno de nosotros hace las cosas de forma única. Que no estamos solos. Apesar de vivir en diferentes mundos, algunos separados por años y distintas vidas. Pero en ese momento, en esa noche, las dos estábamos necesitadas de alguien con quien hablar. Interacción humana.

Algo dentro de mí me asegura que en realidad ninguno de nosotros sabemos lo que estamos haciendo. Que no hay una forma correcta de vivir. Lo hace susurrando mientras me cubro con el edredón de mi cama, confesándome que tengo miedo de volver a cometer los mismos errores del pasado. Enrredarme en la sensación de no ser suficiente y eventualmente agotarme. Miedo de convencerme de que necesito más que las terapias, los medicamentos y la yoga para superar todo esto y me derrote ante la idea que que todo este proceso es inútil.

8 Comments

  1. Tu texto es muy bello, tienes una gran sensibilidad y entendimiento de lo humano, acercándonos al universo de emociones que somos todos. La depresión se puede encerrar todo un dia en casa, o muchos dias, casi años…y así sin más, un día cualquiera sin ninguna razón, le maravilla el verde encendido del césped en un medio día soleado frente al portón de tu casa, sonríe..y se quiere ir de viaje.

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    1. ¡Gracias! Hace tiempo leí en alguna revista que, la oscuridad, el dolor y la depresión son la inspiración de la poesía y la palabra. Mucho tiempo me negué a creerlo, pero al menos para mí es cierto. Supongo que así como en el arte de sentir, aprenderé también algun día a encontrarle la manera de escribir con alegría y esperanza.

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