Finalmente

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Quisiera dedicar esta entrada a todos (as) personas que han tenido una semana dura. A ti que pareces estar bajo las constantes nubes de tormenta . A ti que te sientes invisible. A ti que no sabes cuánto tiempo más puedes aferrarte a la vida. A ti que haz perdido la fé. A ti que siempre te culpas por todo lo que sale mal. A ti. Eres increíble. Haces de este mundo un poco más maravilloso. Tienes tanto potencial y tantas cosas por hacer. Tienes tiempo. Mejores cosas están por llegar a tu camino, por favor aférrate a la vida. Tú puedes. Y no lo digo por virtuosa, sino porque al escribir estas palabras también me las recuerdo.

Me senté a la orilla del techo y me sequé las lágrimas con mi sudadera. Recordé las palabras de mi terapeuta que me enseñaron a reconocer la diferencia entre ser fuerte  y ser dura. La diferencia entre actuar como si nada doliera y estar consciente de que las cosas dolerán y aún así, hacerlas de todos modos.

Mi cabeza me dijo que mi corazón siempre va en diferentes direcciones, “debe ser difícil, si no imposible de segir algo como eso”.

Dentro de mí hay dos señalamientos, uno a lado del otro. En uno leo “se fuerte” mientras que en el otro “se gentil”. Finalmente estoy en el momento de mi vida en el que esas solicitudes no parecen estar en conflicto entre sí.

Al entrar a mi alcoba, con mis brazos, rodeé mi cuerpo y lo sostuve tan fuerte como pude. En una parte el orgullo, en la otra alivio, dos partes que me han generado tanta angustia. Quiero aferrarme fuertemente a la idea de que querer diferentes cosas al resto, no me hace poco merecedora, sólo no ideal para ciertas relaciones. Y no puedo evitar sentir un poco de pánico y un nudo en el pecho cuando finalmente pienso en ponerme de pie para conseguir lo que quiero en mi vida. Pero no, eso no hace más fácil cuando significa despedirme con un beso en la mejilla de personas, ilusiones, promesas y planes y decil “te quiero” y salir por última vez.

Es una nueva forma de aflicción. Una en donde estoy de pie, firmemente plantada en el suelo. Que no duda o me trata de jalar hacia alguna dirección en particular. Sé lo que quiero y sé esa es la forma en la que me dirigiré. Sabré cuando es momento de cambiar el curso. Afinando mi visión. Finalmente honesta.

Pienso en tener un hijo en los próximos años y en las opciones que tengo. Pienso en las cosas que quiero hacer que no involucran a una pareja. Pienso en mis experiencias pasadas, en lo que funcionó y lo que no. Lo que me reconstruyó y lo que me derrumbó. Pienso en la manera de hacer las cosas diferentes. Es mi sueño, es mi trabajo, mi responsabilidad. Todo esto. Me pertenece. Y si no quiero, no estoy obligada a compartirlo con alguien.

Sensación interesante. Caminando sobre el piso, con mis dos pies. Sin andar en puntitas alrededor de alguien. No cimentandome a través de alguien más, de sus deseos y necesidades. Y por primera vez, no se siente egoísta o sin sentido. Se siente como cuidado personal. Como si valiera la pena. Finalmente.

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