Los sí y los no.

-“¿Qué te pasó?”
-“¿Qué hiciste?”
-“¿No te sientes incómoda al ver cómo la gente mira tus cicatrices?”
Todos estos comentarios han sido pronunciados por amigos, familiares y extraños en referencia a las diferentes cicatrices que cubren mis brazos y muñecas, aunque no sólo eso, ya que muchos únicamente se han limitado a lanzarme miradas fijas a los distintos cortes, mientras hablamos de temas completamente ajenos a mi experiencia con las autolesiones. Aunque no recuerdo la primera vez que lastimé mi cuerpo de diferentes formas, incluyendo tirar de mi cabello con fuerza, o golpear la pared con el puño cerrado, no olvido la primera vez que pasé una navaja sobre mi piel. Tenía 25 años, y rápidamente aprendí que lo mejor para evitar que mis padres me descubrieran era cubrir mis brazos usando siempre prendas de manga larga, sin importar el clima o la estación del año en la que me encontrara. Ahora, tres años después, he dejado de cubrir mis cicatrices, las cuales sobresalen de mi piel principalmente en mi brazo izquierdo a pesar de los tatuajes. Ya no siento vergüenza cuando un extraño comenta. Entiendo que me lesioné durante mucho tiempo porque estoy enferma de la misma manera que una persona con diabetes o leucemia está enferma. Mi cerebro está marcado por un desorden epiléptico en el lóbulo temporal que genera un desorden en el control de mis emociones, además del trastorno límite de personalidad y la autolesión era un síntoma de esos desórdenes; un síntoma que ha ido mejorando con el tratamiento a pesar de que su historia ha quedado mapeada en ambas extremidades. Pero algo que la gente no ha entendido es que no pido atención cada que me ven usando una prenda sin mangas; tampoco quiero responder preguntas intrusivas sobre mi vida o tolerar la curiosidad de extraños. No es necesario anunciar su reacción a las cicatrices de autolesión de cualquier persona más de lo que deben anunciar el desagrado del corte de pelo de un compañero de trabajo. Es por eso que si conocen a alguien con cicatrices y se preguntan “¿qué demonios debo decir o hacer?”, revísense primero. ¿Están incómodos? ¿Curiosos? ¿Horrorizados? ¿Por qué? Esos son sus pensamientos y emociones, no los de la otra persona. Enfóquense en eso y mantengan la boca cerrada. Porque incluso decirle a las personas que son “bellas”, “valientes” o “inspiradoras” a causa de sus cicatrices no es apropiado. Por favor piensen en cómo podrían tratar a alguien en una silla de ruedas: algunas personas con diferencias visibles en sus cuerpos pueden encontrar que esas palabras son positivas, pero a mí y a muchos otros no les gusta que nuestra diferencia sea arrastrada al romanticismo de nuestra condición, a menos que… Alguien que conoces tenga cortes recientes, ya que es comprensible que se preocupen, especialmente cuando la persona es alguien por quien se sienten responsables, un niño al que cuida, un estudiante, una sobrina, sobrino, hijo, etc. y aun así, se debe hacer en privado, para hacerles que están preocupados por su seguridad, brindándoles la oportunidad de confiar en el acercamiento. Si la persona es menor de edad, se debe hacerles saber que deberán informarle a un adulto responsable de su vida, como el padre o el consejero escolar, no sin antes darles la oportunidad de contarle a un adulto por su cuenta. En cambio si la persona con lesiones recientes es un adulto, hay que preguntarle delicadamente y en privado, sólo para asegurarse de que están seguros. No hay que olvidar las reglas de oro que son: No Juzgar. No Castigar y No Exaltarse.
También existe la excepción cuando la persona con cicatrices es alguien a quien se le conoce bien o se le ama, sintiendo curiosidad por su experiencia de vida. Antes de hacer cualquier pregunta, hay que cerciorarse de estar abierto para escuchar acerca de su experiencia, ya que lo que escuchará realmente podría entristecerlos, impresionarlos o confundirlos. Tengan en cuenta que la autolesión puede ser un tema muy delicado e incluso alguien que está abierto a otros aspectos de su vida puede no querer hablar de ello. Hay que preguntar a la persona acerca de sus cicatrices individualmente, no una comida familiar o reunión con los amigos. Hay que expresar las dudas de tal manera que quede claro que se desea respetar los límites que ponga la persona. Un ejemplo: “Me he dado cuenta de que tienes algunas cicatrices, y tengo curiosidad acerca de tu historia. Si no quieres hablar de eso, está bien, pero si lo haces, me gustaría escucharlo”. No hay que olvidar que las cicatrices no cuentan historias por sí solas, ellas son huellas en personas y existen por miles de razones diferentes. Le corresponde a las personas decidir si contar o no esas, así como el cuándo, el cómo y a quién.

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