Papá dice

Papá dice que es major hablar que callar cuando el corazón sufre.

Que es más sensato pelear por nuestros sentimientos que esconderlos bajo los sesos.

Que no es egoista anhelar el bien personal, querer ser felices.

Que la memoria de los hombres es una condena si no se le escucha, si no se le aprende.

Que no está mal callar si nuestras palabras no serán dulces.

Que algunas veces es preferable esperar un poco para condenser nuestros pensamientosy hablar con el corazon en la mano que gritar y luego arrepentirse.

Papá dice que no hay nada peor que olvidarse de quién eres y de dónde vienes.

Más no lo es tanto sentirse extraviado, ya que siempre se puede corregir el camino.

Lo recuerdo hablando, sus ojos avispados, y sus cejas.

Su piel de sal.

Lo recuerdo sentado en su bocho.

Lo recuerdo junto a mi madre, conversando.

Exaltado y calmo, riendo y llorando.

Soy él, mi madre y mi hermana.

Mi novio y en los sitios en los que he estado.

Carne, flores, memorias,

Agujas, espinas, gritos y risas.

A veces lo olvido, todo, menos las palabras de mi padre.

A quien camino emprende mi corazón asustado, para beber agua de la sabiduría que en él reposa.

Amo a mi padre.

Como una estrella a la luna, más no solo por la inmortalidad del presagio desde mi nacimiento.

Lo amo con sus más de sesenta años,

En la hora precisa.

En el arrepentimiento y el perdón.

Me aflije pensar que mamá y papá un día estarán bajo tierra,

Más no Muertos.

Nunca.

Papá dice que es major dejar llegar a tú rostro besos antes que arrugas,

Y darlos, ¡que major!

Papá dice que es preferible amar y amar mucho, a construer un muro y no volverlo a hacer.

Que es major ser juzgada de puta, a ser enterrada de blanco por no haber conocido caricia tibia, por haber sido conducida a la morada de los impíos.

Al final nuestros actos van a ser los olvidados de todos,
y eso querido padre lo aprendi de ti.

No hay cortina para mirar al mundo,

Es así.

Y por eso vamos a guardar este día sin lluvia como aquel en el que te confieso lo que soy de ti.

Aprendí a amar de ti.

Aprendí a odiar de ti.

A perdonar.

A detenerme y respirar.

A arder.

A ser humedad, arrullo.

Cada célula te recuerda, te llama conmigo.

Eres la sombra en el agua, mi cariño encajado desde niña.

Dulce y amargo que eres, que has sido.

Amargo desde el vino reposado en tus mares.

Dulce desde la voz que trepa por tu garganta.

Amargo en las palabras que murieron antes de salir, pero dulce en el centro.

Padre amado padre, hoy te comparto lo que soy y siento por ti.
Floreciendo con tus besos
sobre mis mejillas alborotadas,
en torno a los versos
escritos y aquellos jamás dichos,
en torno a las intensas enredaderas
nocturnas, perfumadas de ron.
El coraje se amortigua
detrás de la nueva puerta.

Solo te pido una cosa más para nuestro ultimo dia,

dejame la esperanza de no olvidarme de ti, ni de tus palabras.

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