Marea de sombras

Cuando estoy en el mar me vuelvo náufraga.

Pierdo el camino y la voluntad de volver a tierra firme.

Bocanadas de agua saturan mi garganta.

Cuando estoy en el mar las corrientes me roban, me arrastran.

Pierdo de vista la seguridad del suelo.

Mientras más me resisto más me dreno de energía, de paz.

En ramo de nervios, de ansiedades y temores me convierto.

Enredándome entre algas que me succionan al fondo donde reposan aquellos viejos conocidos que intentan seducirme con sus mentiras.

“Nada está bien”, “muy pronto estarás sola”, “nadie te entiende”, “todos se irán”, “nada ha cambiado”, “eres fragil y estás por romperte”.

Los odio.

¿Cómo es possible estar nuevamente en este lugar?

Lo conozco bien,

Ya he estado aquí.

Mientras tanto me digo “respira”,

“Alza la cabeza”,

“No pelees”,

“Aligera tu cuerpo”,

“Volverás a la orilla”.

Basta sentir la marea,

Dejarse llevar por ella,

Porque así como viene, se va.

Estoy aterrada.

¿Cómo saber que estaré bien?

Este temor es urgente aunque hay salvavidas, los veo, me ven.

Pero no quiero su ayuda.

Debo hacerlo sola.

Ablandar mis músculos.

Aligerar los huesos.

Calmar mi respiración.

Cerrar los ojos y sentir el sol.

No moriré,

He estado antes aquí, más profundo.

Si me ven por favor no me den nada, no me lanzen nada.

Prefiero al viento, al aire.

Desde mi cuello lo abrazaré y me quedaré en silencio.

En complete silencio para sentir la piel de las sombras, las sombras que me han traído hasta aquí.

No son amables, me están lastimando,

Amenazando con viejas heridas.

Burlonas encajan sus garras en mis hombros, quieren hundirme.

Son la vida que me acosa, la muerte que resisto.

Heme aquí, sola, sintiendo, flotando.

¿Todo para qué?

Creí haber dejado esto atrás.

Por ahora en mi mente, un teléfono, una silla y él.

Ninguna estrella, su cuarto, una ventana.

La tarde como siempre, y yo sin hambre, con un café y una esperanza.

Recuerdo que mi corazón hacía días quería hincharse bajo alguna caricia, una palabra de él y sucedió.

No sin antes yo haberme acorralado contra los muros, acosada por la lenta sombra que hoy me arrasa.

Una sombra que aunque no tiene nombre, recuerdo que no la olvido.

Ha tenido muchas formas, como un skinwalker.

Recurremtemente se presenta ante mí, en mi mente.

Hoy tiene los ojos dulces, cabello largo y rubio.

De cuerpo ejercitado y femenino,

Decidió bautizarse de Ana.

Una Ana que aunque no conozco, llegó sin avisar, trayendo consigo un regalo.

De pupila a pupila veo un corazón.

Hay un corazón.

El corazón del hombre al que amamos, un hombre que es mi presente, que es su pasado.

No quisiera que ella estuviera aquí.

Pero posó su sombra en mí, su eco en mis oídos, su rastro en mi mirada, su memoria en la presencia de su ausencia.

Es libre, desde hace meses se sintió libre de volver en forma de mensajes.

No la quiero muerta, la quiero lejos.

Él me dice que lo está, al menos de su corazón.

Y le creo.

Más no mi miedo a perderlo.

Gotas de luz llenan mis ojos al recordar ese dia que vi los mensajes.

En parte fue culpa mia por ser curiosa y ahora me arrepiento.

Soy un cuerpo de hojas y alas, alas que quieren volar de este océano que por el momento me ahoga.

¿Por qué tengo miedo si él me ama?

¿Por qué pienso en ella, si ya no está?

Quiero tomar su sombra y hundirla en el agua.

Tomar las piedras sobre mis hombros

Y ponerlas en sus bolsillos.

No por Ana, sino por su esencia que son mis temores e inseguridades.

Odio sentirme frágil.

Ver mi corazón flotando enredado y dolido.

¿Qué necesito para volver a tierra firme, a tierra segura?

A mi sitio de amor.

Amor propio, amor compartido.

Qué hacer para volver a la orilla independientemente de todo eso que él hace y no hace a veces.

Debo dejar de esperar.

Cuando me quedo sola, por todas partes, por él y por mí, debo dejar de esperar.

Esperar todo el dia, cansada de sentir sin saber que sentir.

Lo esencial es el amor.

Amor todos los dias.

Desde mi centro, a mi lado, junto a mi, hasta que él no me haga falta y pueda salir por mi cuenta de este oceano, empezar de nuevo.

Él y yo.

Jugando en la orilla a coger el agua, a tatuar la vida.

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