Queja

¿Por qué me quejo?. Si alguna vez te haz sentido herido querido amigo, me comprenderás. He muerto mil veces entre persecuciones de lo perfecto que quebraron mi espíritu. Me han consumido hasta las grietas. Tal vez por eso intento despojar a mi alma aquí contigo. Angustiada y sola se ha sentido. Inquieta y dolida por amapolas que yo misma coseché por algo que muchos llaman expectativas. Tengo un alma que he lastimado. Vagabunda y perdida ha estado entre rugidos feroces de ciudades aulladoras de un filoso llanto. Arriba hay Dioses indiferentes que no descienden para arroparla en la tibieza de sus mantos. Por eso mi queja querido amigo. Sin embargo cuando el camino me coloca ante quejas ajenas no entiendo. ¡Que fácil fuera dominarlas! Veo como se parten los corazones en sus inviernos. ¡Si tan solo…! Son las palabras de ungüento que los hombres colocan en sus tristezas clamando por una primavera que los vista. Almas solitarias. Almas acompañadas que de ratos sueltan mariposas, son la fragancia que disminuye la distancia
de mi entendimiento. Por eso te pregunto querido amigo ¿Por qué te quejas? ¿Será acaso que la elegancia de la inconformidad como nuestro aliento, vaga colándose entre aquellos que ven en su estrella una mancha? Así como el espíritu, mi carne desea sentir las almas agradecidas. Apreciar sus huellas y morir en los versos que las riegan. No importa si es en el mar. En mi alcoba. O en el desigual ritmo de la respiración. ¡Oh alma vulgar!, Vacía la cólera de tu queja. Perdona al mundo imperfecto. Vete dando a la
piedad y enriquécelo con tu corazón de espuma. Más no te empobrezcas, porque juzgar sofoca. Míra aquí a mi queja. Pequeña. Sola. Abrazando su capricho que soñaba ser inalcanzable. No olvides querido amigo, todo dolor se vence entre la desdicha. Sucumbe en su pobreza inequívoca de la soberbia. Tú en cambio no debes morir, ni pudrirte como la ciudad a tu alrededor. Libera tu vida, vuela la arteria del agradecimiento y con ella, deshazte del peso de esas queja
s. Eres como el perdón y yo soy tu amiga, una que quiere hablarte de tentaciones y delicias que, a lado tuyo persigo cuando a la luz del silencio no sacrificamos la palabra gracias. Aprendamos a ser dulces como las peras y en la espera hasta el arribo la felicidad estará en nuestras manos.

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