Después de todo


Después de todo, solo se trata de vivir. De llorar, de reír. Y de morir. Después de todo, solo se trata de enamorarse, de sobrevivir al tiempo discapacitado. A la miseria del placer empedernido que nos condena a lo que pareciera efímero. Después de todo solo soy una chica que se muere y mata a menudo diferentes versions de sí misma, hasta que de mi sangre brote licor maduro. Después de todo, solo tengo sueño y hambre. Después de todo, desde que soy una niña, he visto crecer las plantas en los jardines de mis caderas. Después de todo, solo se trata de sentir al momento de extender el cuerpo sobre la tierra, boca arriba para sembrar mis trenzas y que de ellas salgan raíces para dejar de ser tronco caído. Después de todo se trata de ser río y magia en la paz de la noche, a la hora en la que debería de estar dormida. A la hora en la que mi respiración se alenta para hacerme pequeña, indefensa y sin emgargo, fuerte de algún modo, envuelta en aquello que no he de darle a nadie, nunca. Después de todo, nada ha de hacerme falta para que las cosas sonrían, pues cuando estoy en la tierra, soy alma viva.

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