Egos de oficina

Foto de Berta Vicente Salas

El trabajo en equipo, las reglas del juego y las del ego, son hechos a tomarse en cuenta diariamente. Si bien es cierto que la unión hace la fuerza, trabajar en equipo no siempre es un camino sencillo. Hay que saber lidiar con egos y ambiciones, incompatibilidades de estilos y caracteres, intereses contrapuestos, en resumen, lidiar con lo propio de la naturaleza humana. Situaciones me han hecho reflexionar acerca del valor del sentido común tanto en adversidades, cómo en el éxito. El valor de las actividades a realizar en grupo para llevar al equipo al mejor lugar. El trabajo de equipo es como formar parte de una orquesta, en la que cada cual tiene que saberse su partitura y tocar en su momento. Tanto si estás postulando para un primer empleo como si te has convertido en el máximo protagonista de un nuevo proyecto estratégico. El primer paso para ahorrarse malentendidos es aceptar que se tiene un equipo, que se está del mismo lado. Que la competencia está afuera, no dentro de él. Todos los equipos de alto rendimiento tienen personas con una elevada autoestima, pero si los miembros del equipo discuten, tal vez sea porque hay gente que tiene un problema de ego. Aquí quiero destacar que el ego no es en sí mismo una mala cosa. La gente exitosa tiene un ego sano. Las personas interesadas por los demás, aunque con una elevada, y justificada, autoestima, pueden ser grandes compañeros de equipo, pero no todas las personas con un ego importante se interesan por los demás, y son estos compañeros de trabajo, con un ego destructivo, los que hacen difícil el éxito de un proyecto. Un compañero de equipo con un ego insano tiene una influencia negativa en la química del grupo porque limita su productividad y su potencial de mejora. Estos tipos de ego destruyen oportunidades de crecimiento. Un mal ego es peligroso. Los antiguos griegos usaban la palabra arrogancia para describir este amor propio ciego y exagerado, que ha sido a menudo considerado como la tragedia de muchos personajes en la historia. Probablemente a estas alturas estarás pensando en alguna compañero de trabajo, pero eso no es el objetivo de este post, sino generar un poco de introspección y autocrítica. Mentiría si no tengo en mente a algunos miembros de mi empresa, pero no me voy a desviar pensando en el otro, en su lugar intentaré describir algunas de las características que he encontrado en diferentes puntos de mi vida laboral, precisamente porque quiero crecer, y no cometer los mismos errores una y otra vez. En primer lugar existe la soberbia destructiva, es aquella en la que una persona necesita ser el centro de atención, adjudicándose los éxitos del equipo, es a menudo difícil de abordar y ningunea a los demás y/o a sus ideas, acciones. Pasa la mayor parte de su tiempo hablando, jactándose. Se pone a la defensiva cuando se comparte una idea diferente, polémica. Se ve amenazado por el éxito de los demás y se centra en si mismo. Se niega a reconocer sus propias debilidades y se justifica con excusas. Creesaber más que sus compañeros de equipo y utiliza mucho la palabra “yo” en las conversaciones. En contraposición, se encuentra la confianza constructiva, es decir, cuando te sientes cómodo formando parte de algo mayor que uno mismo, cuando eres abierto y cercano compartiendo motivación, cuando pasas mayor tiempo escuchando y aprendiendo. Te interesas en comprender otros puntos de vista. Celebras el éxito de los demás y deseas la victoria del equipo. Admites tus debilidades y asumes la responsabilidad que conllevan. Estás dispuesto a pedir consejo y potenciar las ideas de los demás. Suele usar la palabra “nosotros” en las conversaciones. Nuestra responsabilidad como compañeros de equipo además de nuestras actividades inherentes, debe ser lograr trabajar juntos y recordar que la colaboración confiada crea una mejor cultura y más éxitos que celebrar, que la arrogante competencia. Aunque unos no lo entiendan. Se puede hacer mucho empezando por uno mismo, hace la diferencia, contagia e inspira. Y eso es lo que yo quiero. Madurar, sanar mi ego es uno de mis mayores objetivos profesionales en este 2020.

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