No le temo a un hombre machista, le temo más a una mujer sexista.

Picture of Julien Tredicci

El pasado Sábado 18 de Enero fue un gran día para mí. Aprendí de mujeres desconocidas el valor de la voz, la fuerza, el amor, la sororidad y el respeto. Aunque valientemente hice el llamado a manifestarnos en Plaza de Armas para representar el performance “Un violador en tu camino”,  tristemente no esperaba mucho, y digo tristemente porque dudé del poder de mi propia convocatoria. Dudé de las mujeres. Dudé de mi. Y me arrepiento profundamente de ello. Porque aunque muchos pudieron -y lo hicieron- criticarnos por la falta de coordinación, honestamente me vale poco. ¡Lo logramos! Yo sé lo que ví, se lo que vivimos, se lo mucho que nos esforzamos y lo mucho que dolió escuchar a la madre de Marlene Fernanda, víctima de feminicidio. Se el orgullo y la alegría que me dió ver a mujeres unirse en aquella plaza del Centro Histórico De mi Ciudad, a pesar del temor al ridículo, por no saber los pasos, ni la letra. ¡Cómo si la intención de nuestra manifestación fuera ser estrellas de coreografía! ¡Gracias a todas por unirse! Gracias por vencer la pena y alzar su voz para exigir justicia.  Es verdad que en el camino escuchamos insultos como “putas”, “locas”, “mujeres sin quehacer”, etc. Pero sus palabras fueron nada en comparación a la respuesta y apoyo recibidos por parte de hombres y mujeres hartos de la violencia y acciones nacidas del patriarcado. La gente que crítica, que insulta, que humilla, son nada, en comparación a la voluntad de hacernos escuchar. He leído de todo en redes sociales, gente sorora y gente odiando, como en la vida real. Afortunadamente ya no le temo al ridículo, ni la crítica, porque la causa es más valiosa que cualquier oposición. Hay gente promoviendo pasividad bajo el argumento de que nuestra manifestación no cambió nada, pero para mí lo significó todo. Lo fue todo. Lo es todo. Las voces que día a día se hacen escuchar han sido mi fuerza para romper el silencio de mis propias historias de abuso y violencia. Mi fuerza para alzar la voz del hartazgo que tengo por el machismo de mis familias. Mi inspiración para no dejarme y poder decir ¡basta ya!. Mi todo para no temer el convertirme en la persona incómoda entre mis amigos y colegas. Mi fuerza para entrometerme cuando veo a una mujer en peligro. Es verdad, no espero que las personas que reencarnan el machismo día a día, cambien. Eso depende de ellos. Lo que si espero y lo que he visto, es que alzando la voz, las mujeres y los hombres aliados, fortalecemos nuestra propia red de apoyo. Porque no estamos solas, no estoy sola. Porque merecemos vivir sin miedo y sin violencia. ¡Carajo. Merecemos vivir!  Merecemos respeto y si eso no lo entienden las personas machistas, siento pena por tod@s ell@s, porque lamentablemente creen que el feminismo consiste única y exclusivamente en mujeres que quieren ser iguales que los hombres. Es una tragedia que la gran mayoría de esa gente crea que el feminismo es antihombres. Personalmente quiero compartir mi visión de las cosas, para mí el feminismo es un movimiento para acabar con la opresión sexista. Quiero empezar por ahí. ¡Dejemos que el movimiento vuelva a empezar! Las feministas no nacen, se hacen. Una no se vuelve una defensora de la política feminista simplemente por tener el privilegio de haber nacido mujer. Como en todos los posicionamientos políticos, una se vuelve partidaria de la política feminista por elección y por acción. Eso es lo que pasó el 18 de Enero y lo que seguirá pasando en mi vida. Antes de que las mujeres podamos cambiar el patriarcado, tenemos que cambiarnos a nosotras mismas, tomar conciencia. Entender la manera en que la dominación masculina y el sexismo se expresan en la vida diaria, entender sobre el cómo las mujeres somos acosadas, cómo muchas trabajaban para otros y, en el peor de los casos, cómo ninguna tiene control alguno sobre sus vidas. Algo complicado y difícil, ya que muchas veces el feminismo nos enfrenta a nuestro propio sexismo interiorizado, (hablo por mí). Por otro lado, es cierto que la toma de conciencia feminista por parte de los hombres es tan esencial para el movimiento feminista como aquel que nace de los grupos de mujeres. Aquí, quiero hacer hincapié al título de este texto. Sin los hombres como aliados en la lucha, el movimiento feminista no avanzará. En estos momentos tenemos mucho trabajo por hacer para contrarrestar la idea profundamente interiorizada de que el feminismo es antihombres. ¡El feminismo del que yo quiero ser parte es antisexismo! Porque un hombre que ha renunciado al privilegio masculino y que ha adoptado la política feminista es y iempre será un valioso compañero de lucha; no supone, de ninguna manera, una amenaza para el feminismo. Mientras que una mujer infiltrada en el movimiento feminista, que se sigue rigiendo por el pensamiento y el comportamiento sexista, sí supone una peligrosa amenaza.  Como estrategia principal en nuestro día a día, nos queda segui trabajando para unirnos a través de las diferentes razas y clases. Aplicar el pensamiento y las prácticas antisexistas que afirman que las mujeres podemos lograr la autorrealización y el éxito sin establecer relaciones de dominio las unas sobre las otras. Tenemos la buena suerte de saber, y recordar todos los días de nuestras vidas, que la sororidad en la práctica es posible, que la sororidad sigue siendo poderosa. La educación por otro lado también es vital para combatir la información negativa producida en
la mayoría de los principales medios de comunicación, ya que ellos seguirán desvirtuando la teoría y la práctica feminista. La mayoría de la gente no entiende las innumerables maneras
en las que el feminismo ha cambiado nuestras vidas de forma positiva. Compartir el pensamiento y la práctica feminista es una práctica legítima que sostiene al movimiento. Hay que resaltar que los saberes feministas son para todo el mundo, aunque pocos lo entiendan.

Picture of Julien Tredicci

La amistad perdura, pero no condiciona

Eventos recientes me han hecho reflexionar acerca de la amistad, su poder y su definición. Años atrás pasé por una crisis que definió lo que para mí es y no una amistad. Cuando somos niños, jóvenes adolescentes nuestras amistades son relaciones frecuentes, en las que nos vemos casi diario, al salir de la escuela, al terminar la tarea. Pero al crecer estás condiciones cambian, nos mudamos de cuidad, conseguimos trabajo, nos casamos, nos mudamos, etc. Es normal y muy necesario pasar por un periodo de duelo, para alcanzar a entender que la vida se transforma, y que nuestros amigos no dejarán de serlo solo por este cambio. Hacer berrinche y vivir caprichos por que nuestros amigos ya no nos ven con la misma frecuencia de antes es normal en edades de 10 a 20 años, pero en la vida adulta es un signo de inmadurez. Cómo lo dije antes, efectivamente la amistad perdura a través de los años, pero no condiciona. No se puede y no se debe de poner al mismo nivel que los otros tipos de relaciones, tanto amorosas, familiares, cómo laborales. Cada una es diferente. Hace unos días escuché: “Tu pareja puede no estar mañana, tus amigos siempre lo estarán”. ¿Qué es eso? Para mí es manipulación, un chantaje a través del miedo. Una relación no se define por derechos de antigüedad. Somos personas. No un pedazo de terreno que pertenece al perro que lo orinó primero. Personas con diferentes gustos, criterios, prioridades y necesidades. Un día puedo ser la mayor prioridad de mi mejor amiga y al día siguiente su pareja. Y eso no quiere decir que no me ame o que ya no sea mi mejor amiga. Puedo dejar de verla durante meses y aún así saber que nuestra amistad vive. Si dejo de ser su prioridad la respeto y la amo. No voy a reclamarle ni decirle que los amigos son primero, porque esa decisión la toma ella. Y yo a ella la amo y la respeto. Me alegro de que su vida esté cambiando. Que ella esté creciendo. Le hago saber que siempre estaré para ella. Y punto. La amistad perdura, más no condiciona. La amistad es de dos, la que yo tenga con esa persona y la que esa persona tenga conmigo.si me interesa la voy a cultivar, hablando y viéndonos cuando ambas personas podamos y queramos. No pasa nada si un dia, dos o semanas enteras no quiera verme. Ella tendrá sus motivos, al igual que yo los míos. Parte de tener una amistad es entender al otro, apoyarlo y ceder en ciertos aspectos. No solo se debe hacer lo que yo quiero. Porque ahí es donde comenzamos a condicionar la relación y deja de ser auténtica. Al menos eso es lo que yo pienso de mis amigos, son las bases en las que yo quiero construir mis amistades. Para mí, los amigos son compañeros de viaje que nos ayudan a avanzar por el camino de una vida más feliz y plena. No todos estarán en todo el camino, algunos se quedarán atrás en algún punto, lo entiendo y respeto. Así me ha pasado y seguirá pasando. Todos seguimos sendas diferentes en la vida, pero, da igual dónde y hacia dónde vayamos, ya que siempre llevamos una pequeña parte del otro dentro de nosotros. Ninguna amistad verdadera puede ser destruida por nada ni nadie, y eso incluye a las parejas, a no ser que ésta no sea realmente de verdad. La amistad, al igual las relaciones de pareja, son quizás la forma más perfecta del amor. A diferencia de las relaciones familiares, ya que con éstas, el vínculo se elige, no se hereda. Pero no hay porque competir. Es por eso que renuncio a cualquier tipo de competencia. Tanto con los amigos de mi pareja y las parejas de mis amigos. No es sano. Quiero que mis amistades se preocupen sinceramente por mi, y que no aparezca solamente cuando me necesiten o cuando no tengan algo mejor que hacer. Por eso mismo estoy al tanto de lo que les ocurre y no espero a que ellos me busquen para hacerme presente. A las amistades genuinas que tengo les interesa saber sobre mi y son las primeras en llegar cuando paso por un problema grave. La preocupación que sienten por mi es desinteresada. Simplemente me quieren y quieren que esté bien todo el tiempo, aunque no sea con ellas. Yo siempre tengo la certeza de que ese amigo o amiga está ahí. La amistad supone una aceptación mutua. Mis amigos de verdad no quieren cambiarme, ni están en función de criticarme o cuestionar mi vida. Saben que tengo defectos, pero no les interesa señalármelos. Y si lo hacen, se que es con la intención de que sufra menos y no de que me convierta en otra persona que no soy. Quiero amigos que me acepten y a los cambios en mi vida, aunque transforme nuestras dinámicas.. Las amistades que yo quiero, quiero que me impulsen a crecer, a evolucionar, que funcionen como ese motor que a veces, tanto necesito pero también como esa escucha que me haga sentir comprendida y valorada. Quiero que tenga límites y que no actúen bajo el manto de la complacencia, sino de aquel que se distingue por el equilibrio y del bien de quienes la conformamos. Quiero ser una mejor amiga. Quiero tener mejores amistades.

“No camines detrás de mí, puedo no guiarte. No andes delante de mi, puedo no seguirte. Simplemente camina a mi lado y sé mi amigo.”

Carta a una familia

Querida familia, vengo a hablarles de un hombre y su legado, no importa su nombre, ni sus ojos, ni sus manos y cara, sino sus acciones. El hombre del que voy a hablar es un caballero que, con hechos maquiavélicos, marcó su propia historia, la de sus hijos, la de su esposa, la de sus nietos y tal ves la de sus bisnietos. Un hombre que luchó siempre por sus propios intereses. Aunque nunca lo conocí, si conozco su herencia. Estoy hablando de mi abuelo. El que debió ser padre de mi madre y sus hermanos, pero que en su lugar, optó por ser un monstruo que aterrorizó y abandonó a su familia. Querido desconocido, da gracias porque no te tengo en frente, porque te golpearía hasta la muerte. O quizás no. Tal vez estoy escribiendo desde la rabia que me da, que le hayas heredado a mi familia tanto dolor. Mi familia prevalece sostenida en el silencio y las mentiras que aprendieron de ti. Te odio, y con eso me odio a mi misma, porque tal ves debería perdonarte, pero no puedo. Querida familia, abusador sexual es el mejor adjetivo que le quedan a tipos como él, y seguramente más. Desde mi vida, a mis 31 años afirmo, que me da asco ser su nieta. No me importa que sea mi sangre. ¿Está vivo? ¿Está muerto? ¿Tuvo tiempo de arrepentirse de todo lo que hizo? Quizá son preguntas que jamás tendrán respuesta. Y eso me encaja aún más el odio que le tengo. ¿Pero saben que es lo más triste de este querido desconocido? Que a pesar de su ausencia, su legado está presente. Apesta, crece y prevalece como los baobabs de los que nos advirtió el Principito en sus aventuras. Su legado continúa arraigándose en nuestra familia, en esta familia, en la familia que ni yo, ni las demás víctimas de su perversidad, pidieron nacer. A riesgo de convertirme en una paria, quiero denunciarlo, porque es responsable. Si fue una víctima en su momento de alguien más, eso nadie lo sabrá, así como tampoco, eso lo justifica. Me duelen más las  historias de hijos y nietos suyos, que ya no están. Seguramente en dónde quiera que esté, la carcajada a pulmón abierto es su pasatiempo, ¡Cabrón!, a pesar de ser un desconocido, se aseguró de que nadie lo olvidara. De qué muchos lo rencarnaran diariamente, replicando -muchas veces inconscientemente- los silencios y secretos que en su momento, les impuso a sus hijos -mis tíos- cuando eran niños, cuando eran frágiles y tenían miedo, cuando lo necesitaban. Ojalá en dónde esté, los gusanos se lo estén comiendo y vomitando en un infierno infinito. ¿Saben algo, querida familia? Estoy harta, harta de callar, de mirar hacia otro lado, harta de encubrir a abusadores y proteger a golpeadores. Harta de sentirme menos digna porque soy mujer. Harta de no respetar la voluntad de los que ya se fueron. Harta de ver cómo muchos de nuestros hombres continúan siendo privilegiados por el simple hecho de tener un pedazo de carne colgando entre las piernas. ¿Pero qué demonios nos pasa? Nos encubrimos bajo la premisa de que el dolor es personal, de que el perdón ya llegó y no hay porqué mirar al pasado. Por respeto a las personas que se abrieron conmigo, no voy a hablar de sus experiencias, pero vaya que me encantaría que se levantaran orgullosas, alzando la voz para dignificar su propia historia. Pero no es parte de mi tarea. En cambio haré lo propio con la mía. Familia, si al leer esto, no quieren volver a hablarme, lo entenderé. Pueden hacer con esta carta lo que quieran, pueden guardarla para volver a leerla después. Tirarla, quemarla, defenderla o ignorarla. Al final no la escribo para ustedes. La escribo para mí, por mi y por aquellos que quieren hablar y no pueden, o quisieron hablar en su momento pero no lo hicieron y ya es muy tarde. Es por todos los que estamos y los que vendrán. Ya basta de secretos que nos orillan a compartir mesas con nuestros abusadores, ya basta de servirles el plato a los hombres por imposición, ya basta de mantener a los que alguna vez agredieron nuestra dignidad, ya basta de defender lo indefendible. Hace unos días se rompió el silencio en mí, y con ello se despertó el dolor que permanecía dormido en mis olvidos. Lo escribí porque no quería volver a olvidar. Aunque no recuerdo todo lo que pasó, si recuerdo las manos de este tipo bajo mi vestido cuando era solo una niña de cuatro años, para después decirme que “Nadie me iba a creer, porque estaba sola”. Si recuerdo a un primo mayor que yo, obligándome a tocarlo habiendo más gente en ese cuarto, en esa cama. Recuerdo el miedo y recuerdo el asco. Recuerdo la culpa que vino tras mi silencio. Y hoy vivo las consecuencias del mismo. El día de hoy los veo a ambos, aunque afortunadamente menos. Veo a mis tíos, a mis primas y a conocidos saludarles con una sonrisa en el rostro, preguntando amablemente “¿Cómo estás? Exclamarles al final ¡Que gusto verte! Para cerrar el encuentro con un abrazo, el abrazo que cada una de sus víctimas necesitaron años atrás. Ellos dos no son los únicos abusadores. Apenas me enteré. Así como me enteré que yo tampoco fui la única víctima de abuso. ¡Pero qué bonita familia! Que hermosos secretos tan brillantes que adornan hoy mi árbol de Navidad. ¿Qué piensan todas las víctimas que decidieron perdonar? ¿ Que intenciones hay detrás de aquellos que jamás lo olvidaron y que aún así optaron perdonar a sus abusadores porque ya están muertos? ¡Cómo si estarlo detuviera el infierno!. ¡Pero si mi abuelo está muerto por Dios! Y aún así, su legado de lujuria insana sobrevive. ¿Qué les hace creer que con los abusadores bajo tierra el terror finalizará? ¿Que les hace pensar que los más pequeños están a salvo? ¿Que es necesario para que esto pare? ¿Entregar los nombres al público y que ellos decidan su destino? Alguien me dijo “un niño abusado, se vuelve un abusador”. Mentira. Yo lo fui y jamás he tocado a un niño en mi vida, ¿por qué querría hacerle a alguien lo que tanto daño me hizo a mi? ¡Cuántos secretos y cuánto dolor! Tan dañados estamos que preferimos dejarlo atrás y continuar como si nada hubiera pasado, saludando, abrazando, sonriendo, brindando. Gracias pero no gracias. Yo no quiero eso para mi familia, la familia que estoy formando. Yo quiero algo diferente, Quiero estar ahí para proteger a mi hijo. Para escucharlo, creerle y defenderlo. Quiero estar ahí para inspirar le la confianza necesaria para que sepa que estoy para él. Quiero enseñarle los límites de su intimidad y no a base del miedo. Quiero dejar de normalizar la violencia, porque al final, eso es lo que son los abusos. Quiero dejar de revictimizarme al tener que volver a lidiar con mi abusador. Quiero decirle “No me toques. No me hables” sin convertirme yo en la loca, en la puta o la mala. Quiero darle la dignidad a mi cuerpo y a mi vida. Quiero abrazar a esa niña de cuatro años y decirle “No fue tu culpa”. Quiero que deje de llorar y le dejé de doler. Quiero levantarla de esos cuartos, de esas camas y resignificar su historia. Quiero hacer justicia por esa niña y las demás que en casa de nuestros familiares fuimos abusadas. Nuestro yo adulto es otra cosa. Es otra responsabilidad.

Picture by Berta Vicente

Sitios de sangre

berta-vicente-salas-6
Visual Work by Berta Vicente

Sitios de sangre me recorren. Lugares que vivo. Lejos de todo, menos de mí. Amadas memorias me he callado, memorias que no temo. Verdades que me hacen y tardé en creer. Después de ignorada, amada. En esta hora, quiero ser yo. Sin nadie. A llanto de sal y risa de azahar quiero quererme. En piel y vino, donde madura mi corazón. Sitio en el que descanso, abrázame, en esta hora. Hay muchos hombres afuera. En todas partes, por eso sitio mío, ábreme tus puertas. Me faltas desde siempre. Deja a mis sesos hincarse entre tus paredes, porque ¡Por Dios! Afuera hay muchas mujeres. Mucho ruido. Árboles de plástico. Tierra. Polvo y unos cuantos ratones. Por tanto, sitio mío, acógeme, pues no quiero ser quien no pudo florecer por detener mis sentidos, negándome a saber. No se es, si solo hay un sitio de mentiras que embargan. Yacimientos de verdades calcitrantes. Ni desfiladero de negaciones. De esos hay muchos allá afuera. Cordilleras de orgullos y falsos profetas que alzan el asta por sobre yugo ajeno. Atando cuerda en el cuello de la historia. Una y otra vez.  ¿Para qué decir que diariamente mueren crepúsculos en estos sitios de sangre? Si realmente no importa que más tarde se despuntan hacia el brillo del alba, devolviendo los yugos desvestidos a su pequeña casa donde tienen la derrota agerrida. Porque aún no muero. Con los dientes apretados vivo. Cantando. Esperando a que mis sitios de sangre, cicatrizados y latentes me levanten. Enriquecidos. Generosos. Piel y sangre, levántense bravas, sobre recuerdos esclavos. Reiteren su libertad entre la frontera del pasado y el presente. Porque aún tienen la vida.

Después de todo


Después de todo, solo se trata de vivir. De llorar, de reír. Y de morir. Después de todo, solo se trata de enamorarse, de sobrevivir al tiempo discapacitado. A la miseria del placer empedernido que nos condena a lo que pareciera efímero. Después de todo solo soy una chica que se muere y mata a menudo diferentes versions de sí misma, hasta que de mi sangre brote licor maduro. Después de todo, solo tengo sueño y hambre. Después de todo, desde que soy una niña, he visto crecer las plantas en los jardines de mis caderas. Después de todo, solo se trata de sentir al momento de extender el cuerpo sobre la tierra, boca arriba para sembrar mis trenzas y que de ellas salgan raíces para dejar de ser tronco caído. Después de todo se trata de ser río y magia en la paz de la noche, a la hora en la que debería de estar dormida. A la hora en la que mi respiración se alenta para hacerme pequeña, indefensa y sin emgargo, fuerte de algún modo, envuelta en aquello que no he de darle a nadie, nunca. Después de todo, nada ha de hacerme falta para que las cosas sonrían, pues cuando estoy en la tierra, soy alma viva.

Mujeres

A veces quiero hablar de mujeres, me tienen en sus manos y ellas en las mías. Somos como la presa que el cazador persigue. Distantes y ausentes despertamos para enfrentar el sacrificio que la historia nos hereda. Son como mi casa, el refugio donde habito. Juntas nos preguntamos que podemos hacer con el remolino de afuera. Entre poetas nos escibimos. Algunas uniformadas, otras tantas despeinadas. Pero nos preguntamos que podemos por cambiar lo que nos espera. Unas tenemos ganas de mirar al otro lado de la ventana, otras no. Sobra decir que nos están matando. Entre santos, heroes y bandidos fallecemos. Si alzamos la voz, el escándalo que nos relaciona al Holocausto nos sobrepasa. Entonces ¿Qué podemos con intelectos podridos y con el testamento de princesas en cuentos de hadas? Después de todo solo se trata de la vida. Nos duele. Me duele. A la miseria del placer nos utilizan, nos desaparecen, condenando nuestra búsqueda a la eternidad. Niñas, mujeres y ancianas da igual. Extrañamente no se trata del cuerpo al que maldicen, contra el que luchan. Es un concepto el que pelean. Nos pesa un silencio robusto. Clava nuestros corazones al muro en el que a menudo se leen las palabras muerta o desaparecida. Esperanza te ruego ¡Písame con tu pie desnudo! Estrújame como a las uvas en tus viñedos. Al injusto fracaso me desespero, porque su opuesto podría darnos todo, secar nuestra boca de llanto. Pero no. Diario me llaman las pupilas infatas que veo en la calle, me reclaman ¡Cómo lo hemos permitido! Después de todo no tengo una respuesta. Codiciada es la paz pero en estos tiempos pareciera prohibida. En cambio la muerte está cerca, a un paso la sentimos. Nuestra sangre está alborotada. Temerosa de terminar con el cuerpo horizontal detrás de un matorral. Algunas de nosotras encendidas en fuego anhelamos una tumba con cuerpo. Madres, hijas, hermanas. Hay cosas que no conozco, que no he aprendido, y aun así en esta angustia me hago. Silencio y olvido en que me aflijo. Mi corazón a flor de piel en manos de las mujeres. La sonrisa perdida lazada a un grito. Mujeres de sombra ya ven que cosas digo.

Queja

¿Por qué me quejo?. Si alguna vez te haz sentido herido querido amigo, me comprenderás. He muerto mil veces entre persecuciones de lo perfecto que quebraron mi espíritu. Me han consumido hasta las grietas. Tal vez por eso intento despojar a mi alma aquí contigo. Angustiada y sola se ha sentido. Inquieta y dolida por amapolas que yo misma coseché por algo que muchos llaman expectativas. Tengo un alma que he lastimado. Vagabunda y perdida ha estado entre rugidos feroces de ciudades aulladoras de un filoso llanto. Arriba hay Dioses indiferentes que no descienden para arroparla en la tibieza de sus mantos. Por eso mi queja querido amigo. Sin embargo cuando el camino me coloca ante quejas ajenas no entiendo. ¡Que fácil fuera dominarlas! Veo como se parten los corazones en sus inviernos. ¡Si tan solo…! Son las palabras de ungüento que los hombres colocan en sus tristezas clamando por una primavera que los vista. Almas solitarias. Almas acompañadas que de ratos sueltan mariposas, son la fragancia que disminuye la distancia
de mi entendimiento. Por eso te pregunto querido amigo ¿Por qué te quejas? ¿Será acaso que la elegancia de la inconformidad como nuestro aliento, vaga colándose entre aquellos que ven en su estrella una mancha? Así como el espíritu, mi carne desea sentir las almas agradecidas. Apreciar sus huellas y morir en los versos que las riegan. No importa si es en el mar. En mi alcoba. O en el desigual ritmo de la respiración. ¡Oh alma vulgar!, Vacía la cólera de tu queja. Perdona al mundo imperfecto. Vete dando a la
piedad y enriquécelo con tu corazón de espuma. Más no te empobrezcas, porque juzgar sofoca. Míra aquí a mi queja. Pequeña. Sola. Abrazando su capricho que soñaba ser inalcanzable. No olvides querido amigo, todo dolor se vence entre la desdicha. Sucumbe en su pobreza inequívoca de la soberbia. Tú en cambio no debes morir, ni pudrirte como la ciudad a tu alrededor. Libera tu vida, vuela la arteria del agradecimiento y con ella, deshazte del peso de esas queja
s. Eres como el perdón y yo soy tu amiga, una que quiere hablarte de tentaciones y delicias que, a lado tuyo persigo cuando a la luz del silencio no sacrificamos la palabra gracias. Aprendamos a ser dulces como las peras y en la espera hasta el arribo la felicidad estará en nuestras manos.