Perdonar y confiar.

Nunca ha sido fácil decir que en mi vida a menudo atravecé períodos de desempleo debido a mis problemas recurrentes debido a la depresión y a mi trastorno límite de personalidad, mucho menos aceptar que en muchas de esas ocaciones contribuí debido a mis acciones de autosabotaje, (pero ese es otro tema que abordaré en otro post próximamente).

A veces, estas épocas desempleadas llegaron a durar desde varias semanas hasta un par de meses. De cualquier manera, mi cuenta bancaria se agotaba y me encuentraba en la misma situación que todos los demás: necesitando dinero desesperadamente. En un principio ni era tan problemático ya que aún vivía en casa de mis padres, quienes amorosamente siempre estuvieron ahí para tenderme su mano y apoyo incondicional. Incluyendo aquél tiempo hace cinco años en el que era maestra de español en una secundaria privada, y en el que comenzó mi camino hacia mi recuperación de una condición que no sabía que tenía, mi TLP.

En mis tiempos de desempleo, recuerdo que había muchas cosas a considerar cuando navegaba en línea a través de los diferentes portales de trabajo para decidir postularme a una vacante: las horas, la carga de trabajo, las vacaciones, los salarios, la ubicación, la cantidad de interacción social, etc.

Cuando era recién egresada de mi licenciatura, en aquellos momentos en los que nadie quería contratarme por mi falta de experiencia el hecho de buscar una opción laboral era realmente abrumador, años después supe que es aún más difícil de hacer cuando tu salud está mermada por una enfermedad mental.

No olvido que la mayoría de las descripciones de puestos o anuncios contenían una lista de responsabilidades y especificaciones con frases como “saludar alegremente a los clientes”, “sonreír” o “buscamos personas con talento”, condicionantes que significaron una pesadilla cuando salí de mi internamiento psiquiátrico después de haber renunciado a mi trabajo de docente, ya que no pensaba en mí misma como una persona con esas cualidades, me era imposible hacer esas cosas, “saludar felizmente a los clientes”, “sonreír”, “trabajar bajo presión” o creer siquiera que tenía talento.

La sola posibilidad de volver a forzarme a estar bien durante ocho horas al día era suficiente para llorar y jurarme que era una inútil e inservible para ejercer un trabajo por más sencillo que éste se describiese en las vacantes.

Las búsquedas de empleo se volvieron con el tiempo cada vez más difíciles y desalentadoras. Me agotaba la poca energía que tenía. Me frustraba tanto conmigo al ver como mi currículum estaba “manchado” por ausentismos debido a mis renuncias motivadas por la depresión.

Yo misma sin saberlo en ese entonces alimenté mi situación con la culpa, llevándome al círculo de la depresión, la autodevaluación y la ansiedad.

Ver todas las cosas que según yo nunca podría ser, fue sumamente perjudicial para mi autoestima, porque mi voz interna me bastaba para empezaba a decirme que no debería molestarme en intentarlo. No era cada descripción de trabajo, el problema era que no me perdonaba, que no aceptaba a mi TLP, ni a mi historia. El enojo y mi poco autovalor me hundía más y más. Porque gracias a ello, no me creía capaz de hacer todas las tareas que leía en los portales y en las empresas.

Estaba en la inevitable espiral: ningún empleador me quería. Mis cualidades, conocimientos y habilidades no eran suficientes. Me decía a mi misma que no valía nada, que nunca conseguiría un trabajo decente.

Hoy sé que todo lo que me hago, todo lo que me digo y lo cruelmente que me juzgo en los periodos de desempleo es un error, una injusticia para mi propia vida: “Si tan solo hubiera hecho un máster. Si tan solo fuera mejor. Si tan solo no estuviera mentalmente enferma. Si tan sólo fuera perfecta”. Me he repetido eso una y otra vez en mi mente tantas veces, que aún hoy me cuesta trabajo no creerle a esas palabras.

A pesar de que logré ya hace tres años entrar a trabajar al Periódico Noticias, donde me ejercí profesionalmente durante los últimos dos años, hasta septiembre del 2018, que por motivos de desarrollo y crecimiento me ví forzada a buscar otras opciones, por primera vez sin encontrarse entre las razones mi salud mental.

Pero eso no me excentó a deprimirme nuevamente, ni a autodevaluarme, es por eso que escribo hoy mis experiencias con las épocas de desempleo, porque no puedo permitirme tirar a la basura todo lo que soy, por unos cuantos meses difíciles.

Afortunadamente hoy 29 de enero del 2019, comencé a trabajar en una empresa global de telecomunicaciones (con la que nunca jamás hubiera soñado) después de haber competido contra 80 personas. Después de todo, después de años, lo logré, y lo mejor es que es el comienzo.

No voy a permitir que mis dudas, ni mis inseguridades que me asaltan como ¿Soy realmente lo suficientemente buena? o ¿Realmente puedo hacer este trabajo?, me quiten lo que yo solita he conquistado, y es que mi historia está llena de algunas veces en las que pasé por alto grandes oportunidades porque no creía que fuera buena como para hacerlo. Incluso si esa oportunidad me hubiera llevado a la carrera de mis sueños, estaba demasiado asustada y no creía que fuera capaz.

Bueno, quizás también tú que me lees hayas perdido algunas oportunidades, es por eso que estoy aquí para decirte que no puedes dejar que tu falta de confianza te obstaculice.

Ya sea que estés buscando un trabajo para ayudar a pagar el alquiler, comiences desde cero en un lugar nuevo o quieras comenzar a perseguir tus sueños, no puedes permitir que ese bully de tu cabeza te detenga.

Todos comenzamos en diferentes lugares para construir nuestras carreras. No hay nada de qué avergonzarse si estás en la parte inferior y avanzas hacia arriba. No hay nada de qué avergonzarse si lo estás intentando por enécima vez. Está bien volver a empezar. Lo valioso es que lo estás intentando, reaprendiendo, trabajando por ser mejor y más saludable.

El dinero es importante y solicitar un nuevo trabajo siempre da miedo. Creeme lo se. Pero ha habido ocasiones en las que probé que mi depresión y mi trastorno estaban equivocados y que yo era más que capaz de realizar mi trabajo y todo terminó bien. Es por eso que me recordaré esto cuando vuelvo a dudar. Puedo hacer esto. Sé que tú también.

Quiero un amor.

Libre. Un amor que me recuerde al mío propio. Colmado de perdón y libre de reproches. Un amor que me ofrezca aceptación y cobijo. Que me tome de la mano y comparta mis silencios. No quiero algo que resane huecos ni barnice ausencias. Lo quiero hoy. En esta plaza. Conmigo. Un amor espiritual y expresivo. Que sea espléndido. No mísero que me de lo que le sobra. Que se comparta y sepa quererse. Estoy lista para un amor flexible y autónomo. Un amor que al mirarse al espejo se inunde del regocijo de estar vivo, empapándose de los defectos de su cuerpo como un arquetipo de autenticidad. Un amor que viva bajo el agradecimiento y no entre los mantos del ego enfermo. Un amor humilde de corazón que sea y no parezca. Que viva y no aparente. Que sienta, ame y respete. No debe ser dificil de encontrar, solo hace falta creer que lo merezco. Porque en medida que vaya practicando un amor de espléndido así conmigo misma, sé que llegará solito, sin necesidad de buscarlo, gracias a que ya habré estado en compañía de la mejor fuente de amor infinito. ¿Sabes por qué? Porque en este mundo no hay parejas felices. Hay personas felices que se hacen pareja.

Shareny.

22 de agosto del 2014.

Mi verdad incómoda

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¿Qué ocurrió después?, la vida. Justo cuando empezaba a sentirme cómoda con el desdén de la falta de cordura. Pero ¿de qué habla?, se estarán preguntando si es que les importa un bledo lo que una persona como yo tiene que decir. Todo marchaba de manera regular, con reproches autodestructivos, enganches emocionales poco sanos, una baja ingesta de alimentos saludables y excesivas horas de sueño, nada grave en realidad, cuando comencé a recordar. El momento y el lugar de ese instante se desvaneció ante mi necia memoria, en cambio una joven e inexperta versión de mi ser se apropió de los olores, sabores, ascos y delicias de mi presente. Estaba menos escuálida, menos pálida, menos amargada, bah, menos todo. Esa persona ante mis ojos estaba abrazando un suéter que ya no existe, era de mi padre, justo como todas las cosas que solía tomar de su armario, no recuerdo el color y honestamente no importa, lo valioso es el cómo, como lo sostenía entre mis brazos como un pequeño tesoro y cómo me hacía sentir, lo llevaba puesto con orgullo uno, dos y hasta tres días seguidos sobe mi propia ropa, siempre iba de aquí a allá, entraba y salía de casa con él, papá no lo entendía, inclusive se enojaba por mi poca educación al tomar sus cosas sin pedirlas previamente prestadas. Al ver de nuevo esa diminuta figura vistiendo el sueter de un viejo, mi corazón se desarmó, no ocultaba más aquel secreto, amaba lucir las prendas de un hombre, me sentía como uno, en mi pequeño mundo infantil, lo era. Hace tres días esa verdad se reveló ante mí sin un esbozo de verguanza, después de tanto tiempo lo sabía, era diferente, soy diferente, diferente al resto pero no a mí, todo lo que me había venido atormentando desde hace un par de meses tomó forma, la confusión como densa nuebla comenzaba a dispersarse, ¿acaso estaba tan contrariada al grado de no saber más quien era?, ¿en mi cuerpo se escondía un ente extraño que quería despojarme de mi identidad?, no, siempre m he sentido así, más allá que un nombre, que un rol y un millón de nervios, se trata de mí. No soy una mujer, tampoco un hombre, estoy en la linea que abraza ambos opuestos y no está mal. No puedo llegar a una conclusión, aun en este momento no puedo cumplir con lo que mis padres llamarían una definición, “¿o eres o no eres?”, me preguntarían casi como una inquisición, lo sé porque los he escuchado antes, pero no me importa, no tengo miedo a ellos, tengo miedo de mí, del lugar al que este descubrimiento podría llevarme, no es algo nuevo, más bien es un despertar que me hace sentir más cerca de mi, si es que eso tiene sentido. Quizá si me muestro al desnudo y con los ojos cerrados ante mis propias sensaciones, los prejuicios que se esconden tras esta confesión, solo puedan esperar la verdad. Cuanto pueda hacer es darme por primera vez la oportunidad de sacar esto que por tanto tiempo permaneció oculto, es probable que en esta ocasión, la fantasía me juegue un truco barato para olvidarme de mi verdad, más que del hecho de haber estado viviendo con una persona que no conozco y no me representa del todo. De antemano me disculpo por el peso que he colocado en los hombros de algunos, lo he meditado y aun así , he decidido no guardarlo con recelo ni un minuto más, si hay una parte que los haga incomodar, tendrán que hacer lo suyo para buscar su propia verdad, porque les aseguro que es el mejor camino para dejar de señalar, por otro lado, también podrán echar a la papelera lo que he dicho y continuar con sus vidas, naturalmente se podrán olvidar de todo esto. Hasta este momento me encuentro sumergida en mis pensamientos, por primera vez sin hallarme perdida, este deber que nos han obsequiado a todos para ser cumplido a toda costa es mierda pura, con un pequeño diamante dentro, que si uno mira fijo, a través y por un largo tiempo, puede hallar para después portar con falsa presunción y desdén por un periodo hasta que la muerte nos encuentre y reclame como suyos, porque, al final fue puesto ahí para ser encontrado, ¿díganme de qué sirve si al final nos vamos únicamente con nuestros marchitos cuerpos?, ¿no valdría acaso un poco más, ser auténticos con la gema, carbón, cristal o lo que sea que hagamos de nosotros?, basta de falsa seguridad, por pequeña o grande que sea la verdad de un ser, merece ser defendida con dignidad, así el único cargo que puedo levantar contra mí, es haber vivido con miedo todos estos meses, un tiempo irreparable y que no volverá. Ahora no puedo perder aun más juzgándome, ni juzgando a los que me juzgarán o han juzgado a personas como yo por el simple hecho de ser diferentes, porque cuando uno esta ocupado viviendo su propia vida, no hay tiempo ni espacio para quien no pueda entender, porque si el espíritu de lo sagrado mora en alguna parte es en el amor, el respeto y la comprensión.

Finalmente

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Quisiera dedicar esta entrada a todos (as) personas que han tenido una semana dura. A ti que pareces estar bajo las constantes nubes de tormenta . A ti que te sientes invisible. A ti que no sabes cuánto tiempo más puedes aferrarte a la vida. A ti que haz perdido la fé. A ti que siempre te culpas por todo lo que sale mal. A ti. Eres increíble. Haces de este mundo un poco más maravilloso. Tienes tanto potencial y tantas cosas por hacer. Tienes tiempo. Mejores cosas están por llegar a tu camino, por favor aférrate a la vida. Tú puedes. Y no lo digo por virtuosa, sino porque al escribir estas palabras también me las recuerdo.

Me senté a la orilla del techo y me sequé las lágrimas con mi sudadera. Recordé las palabras de mi terapeuta que me enseñaron a reconocer la diferencia entre ser fuerte  y ser dura. La diferencia entre actuar como si nada doliera y estar consciente de que las cosas dolerán y aún así, hacerlas de todos modos.

Mi cabeza me dijo que mi corazón siempre va en diferentes direcciones, “debe ser difícil, si no imposible de segir algo como eso”.

Dentro de mí hay dos señalamientos, uno a lado del otro. En uno leo “se fuerte” mientras que en el otro “se gentil”. Finalmente estoy en el momento de mi vida en el que esas solicitudes no parecen estar en conflicto entre sí.

Al entrar a mi alcoba, con mis brazos, rodeé mi cuerpo y lo sostuve tan fuerte como pude. En una parte el orgullo, en la otra alivio, dos partes que me han generado tanta angustia. Quiero aferrarme fuertemente a la idea de que querer diferentes cosas al resto, no me hace poco merecedora, sólo no ideal para ciertas relaciones. Y no puedo evitar sentir un poco de pánico y un nudo en el pecho cuando finalmente pienso en ponerme de pie para conseguir lo que quiero en mi vida. Pero no, eso no hace más fácil cuando significa despedirme con un beso en la mejilla de personas, ilusiones, promesas y planes y decil “te quiero” y salir por última vez.

Es una nueva forma de aflicción. Una en donde estoy de pie, firmemente plantada en el suelo. Que no duda o me trata de jalar hacia alguna dirección en particular. Sé lo que quiero y sé esa es la forma en la que me dirigiré. Sabré cuando es momento de cambiar el curso. Afinando mi visión. Finalmente honesta.

Pienso en tener un hijo en los próximos años y en las opciones que tengo. Pienso en las cosas que quiero hacer que no involucran a una pareja. Pienso en mis experiencias pasadas, en lo que funcionó y lo que no. Lo que me reconstruyó y lo que me derrumbó. Pienso en la manera de hacer las cosas diferentes. Es mi sueño, es mi trabajo, mi responsabilidad. Todo esto. Me pertenece. Y si no quiero, no estoy obligada a compartirlo con alguien.

Sensación interesante. Caminando sobre el piso, con mis dos pies. Sin andar en puntitas alrededor de alguien. No cimentandome a través de alguien más, de sus deseos y necesidades. Y por primera vez, no se siente egoísta o sin sentido. Se siente como cuidado personal. Como si valiera la pena. Finalmente.

Abriéndome al amor

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Regreso a lugares que recuerdo. Tratando de acurrucarme de nuevo en los espacios entre los troncos de los árboles con los que crecí, pero ya no encajo. El musgo, las raíces se han apoderado de todo, justo como los Baobabs de los que me advirtió el Principito años atrás. Ese lugar no es el que alguna vez frecuenté. Ese espacio ya no existe más.

Confort, seguridad y memoria. Un reflejo de algo que quería, pero nunca tuve. Una promesa rota. No hecha por la persona que pudo cumplirla, pero si por la persona necesitada. La gente no se convierte en otras personas por imaginar una chispa de esperanza. Lo que se ve es lo que se obtiene entonces, debo asegurarme de estar poniendo atención.

Las cicatrices en mi piel me recuerdan que casi terminé en una morgue hace un año. Me dicen que soy fuego que se puede extinguir. Personas cercanas a mí me comparten que jamás me habían visto tan feliz como lo estoy ahora. Me dicen que lo merezco. Que me lo he ganado. Me dicen que lo valgo. Me dicen, “Esto es como la meditación. Tienes que dejar fluir tus sentimientos, justo como a los pensamientos.”

Inhalando bruscamente me doy cuenta que he estado con un pie dentro y un pie fuera. Medio esperando una reconciliación con una Shareny que sólo vive en mi imaginación. La que yo pienso que soy, pero de hecho nunca he conocido. Con pasión. Con emoción. Una relación sin complejos. Con atributos que no reconozco por miedos e inseguridades que me llevan a pensar que no existen en absoluto. Que no soy el tipo de persona que merece algo. Un desperdicio de vida.

Pero al diablo con eso.

La semana pasada me quebré al llegar a casa. Después de el trabajo. Me acosté con mi perro en el patio. Lo envolví en mis brazos a pesar de que estaba tan caliente. Nos mantuvimos juntos como una madre y un niño pequeño. Se frotó en mis piernas y me hizo sentir perfecta, apesar de que estaba a punto de llorar y le decía que estaba rota. Me demostró su confianza al quedarse dormido en mis brazos, sin miedo de lo que pudiera venir. Y le creí. Mi respiración se fue alentando hasta relajarme. Descubrió la parte de mí que podía ser consolada. Eso es abrirse a ser amada y amar sin miedo. Me sentí lista para empezar a hacerlo conmigo y con otro ser humano.

Entonces cuando entré a casa con mis papás por mi cena, no me dirigí directo a la cocina sin mirarlos siquiera. Me senté en la sala y les dije que me sentí mal, que tenía miedo de que me despidieran y me dijeran que no tenía talento para escribir en ese periódico. Que no era lo que estaban buscando, a pesar de haber recibido buenas críticas por parte de mi jefa. En lugar de encerrarme en mi cuarto. Para acurrucarme en mi cama y dejar que esos pensamientos pudrieran poco a poco cada rincón de esperanza en mí. Perpetuar la idea que me grita que soy un desperdicio de vida y aliento. Dejé que los brazos de mis padres abrazaran la parte de mí que podía ser consolada y sus palabras “Te amamos. Confía en ti como nosotros en ti” me llenaron de voluntad para seguir adelante.